Resulta frecuente escuchar a padres que dicen tener a sus hijos practicando deporte porque les garantiza el aprendizaje de valores.

Sobra decir que el deporte aporta múltiples beneficios físicos y fisiológicos, además de ocupar el tiempo libre de nuestros niños y jóvenes, evitando otro tipo de distracciones y los mantiene en un entorno “más controlado”.

Pero, ¿El mero hecho de practicar deporte les garantiza aprender valores? O preguntado de otra forma, ¿El deporte inculca valores por sí mismo? La respuesta es NO.

El deporte es una herramienta muy potente para enseñar valores a nuestros jóvenes dado el grado de diversión, implicación y motivación que, a diferencia de otras actividades y entornos como el propio colegio, les supone su práctica. Sin embargo, la falta de formación en este campo por parte de los entrenadores en algunos casos, o en otros muchos la falta de la imprescindible implicación de todos los “agentes” (entrenadores, familias, directivos, deportistas de élite, prensa,…) que intervienen en la formación de los pequeños y jóvenes deportistas, hace que se desperdicie una oportunidad de oro para formar a personas además de a deportistas.

No obstante, podríamos decir que hay ciertos valores “intrínsecos” a la práctica deportiva, como pueden ser el esfuerzo, la perseverancia, el compromiso, la disciplina, etc.

Los llamo intrínsecos porque estos valores son a los que la mayoría se refiere cuando habla de deporte y valores en los niños y jóvenes, y no es casual, sino porque tienen una repercusión más directa en el posible resultado deportivo a corto plazo, aunque el resultado no deba ser el objetivo en esas edades. En otras palabras, es más habitual escuchar las palabras esfuerzo y compromiso en los campos y canchas donde cada fin de semana juegan niños y jóvenes, que escuchar empatía, humildad, o solidaridad, ya que los primeros se asocian a atributos casi necesarios para poder ganar un determinado partido, mientras que los segundos no parecen necesarios para ello en ese momento.

Por supuesto que estos valores son imprescindibles en el deporte y valiosísimos para el resto de ámbitos de nuestra vida, pero no nos hacen por sí solo mejores personas. En otras palabras y aunque suene extremista, son valores que aislados podrían ser igual de válidos para hacer el bien como el mal. Por poner un ejemplo, una banda de mafiosos organizados tiene necesariamente que tener estos valores para cumplir con sus objetivos: compromiso, esfuerzo, disciplina, … etc. Son valores con un potencial enorme para competir y tener éxito en una sociedad super competitiva y exigente como la que tenemos, pero necesitan de un complemento, necesita de otros valores que marquen la diferencia y nos haga también mejores como personas, y por ende mejores en todo lo demás.

Se hace vital por lo tanto en el deporte base prestar atención a los valores intrínsecos antes citados, pero sumándole además máxima atención y prioridad a otro tipo de valores que podemos denominar sociales o valores de vida, fijándolos inequívocamente como objetivos a los niños y jóvenes desde su inicio, e incentivando su cumplimiento.

Estos valores sociales son más difíciles de aplicar y de ser asumidos, porque puede que no afecte al resultado deportivo, por lo menos en el corto plazo, y eso por desgracia hace que la implicación de todos los agentes antes mencionados sea más complicada de conseguir. No todo vale por ganar, pero por desgracia es en muchos casos así.        

Los valores sociales son, por lo tanto, los que marcarán la diferencia en el medio y largo plazo, porque además de hacer mejores deportistas, hará mejores personas: respeto, empatía, solidaridad, compasión, indulgencia, humildad, …

No hay sino que mirar a algunos ejemplos en el mundo del deporte de nuestro país: la súper campeona de bádminton “Carolina Marín”, el invencible tenista “Rafael Nadal”, el insuperable triatleta “Javier Gómez Noya”, la capitana de una selección de baloncesto para la historia como  “Laia Palau”, o un deportista único de la talla de “Pau Gasol”. Todos son incuestionables deportistas de élite, pero además tienen un denominador común que los diferencia:  son buenas personas, seguro que pueden o se han equivocado en algún momento, pero nadie duda de sus valores sociales por encima de sus incuestionables valores deportivos (intrínsecos), lo que les ha permitido no solo llegar a la cima, sino mantenerse, ser respetados por todo el mundo, y convertirse en auténticas leyendas en activo de nuestro deporte. “La historia no te hace campeón, la humildad sí”, Vicente del Bosque (Ex-seleccionador nacional de fútbol).

2016 Rio Olympics – Basketball – Final – Women’s Gold Medal Game USA v Spain – REUTERS/Shannon Stapleton

Por todo esto, y porque el 100% de los jóvenes que practican deporte serán mañana personas de esta sociedad, mientras que solo un porcentaje muy bajo lograrán además ser deportistas de élite, los valores sociales deberían ser objetivo primordial en el deporte base. Educar personas. Enseñar valores.

La transmisión de conocimientos sobre valores en forma de charlas, talleres o sesiones específicas y de forma recurrente llevadas a cabo por un profesional de la psicología a los colectivos que intervienen directamente en estas edades: niños, entrenadores, directivos, familias y árbitros, resulta fundamental tanto para la necesaria formación que estos requieren como para la toma de conciencia por parte de los mismos, por lo que debería fomentarse más entre clubes y federaciones.

Sin embargo ampliar la participación de los psicólog@s  a trabajar de forma más cercana y diaria con los entrenadores, una de las figuras más directas y de mayor influencia para los jóvenes en el ámbito deportivo, permitiría desde una perspectiva más específica y especializada ayudarles a crear modelos, marcar estrategias, pautas y fórmulas integradas en sus rutinas de entrenamiento con el fin de trabajar valores concretos en función de las distintas edades, e incluso según las características de cada grupo.

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