Una de las preguntas más repetidas en las últimas charlas que he compartido con entrenadores, ha sido en relación con esos deportistas que ellos califican como “muy buenos” pero que tienen el problema de que se quedan anclados en el fallo: Si la primera acción les sale bien, es posible que ese jugador/a entre en estado de flow y de su máximo nivel ese día; en cambio, si no aciertan en la primera acción, entran en un bucle de pérdida de confianza, que deriva en una cadena de errores de ejecución técnica y/o táctica, del que no logran sacarle para lo que resta de partido.

Lo primero que suelo decir al respecto, es que si un jugador es bueno pero le falla la cabeza de esta manera que me describen, no podemos decir que es un “buen jugador”, necesita trabajar la parte mental para poder serlo. Necesita psicología.

Por otro lado, es un ejemplo perfecto para definir la Psicología Deportiva. Como he dicho en entradas anteriores, la psicología deportiva no te hará mejor jugador de lo que puedas ser, sino que te ayudará a ser tu mejor versión, a dar tu máximo nivel de forma mucha más constante, incluso, ante situaciones adversas o bajo presión.

Ante este tipo de situaciones hay que analizar cuál es el principal motivo que produce la pérdida de confianza del jugador concreto, pues las fuentes de ansiedad pueden ser muchas y variadas, así como sus reacciones. Requiere de un trabajo psicológico específico e individual con el deportista, aunque se trate de un momento ansiógeno y no de una ansiedad clínica.

  • Si nos centramos exclusivamente en las claves psicológicas del deporte:

El FOCO DE ATENCIÓN, del que hablé en mi anterior entrada de blog (Leer entrada sobre el Foco de Atención) es un aspecto a trabajar, porque precisamente lo que le está pasando a ese jugador es que sus pensamientos se quedan en el fallo cometido (pasado) y/o en el miedo de volver a fallar (futuro), y si estás en el pasado o en el futuro no puedes estar en el presente. Además, estar en lo que fue o en lo que puede ser nos genera ansiedad. Estando en el presente, me enfoco en lo único que depende de mi: mi actitud y mi concentración, por ejemplo.

Por otro lado, está claro que habría que reforzar además los AUTOMATISMOS, tanto en cuanto a gestos técnicos como tácticos, bajo la premisa de que bajo presión solo sale lo que está AUTOMATIZADO. Para esto, sería interesante que el jugador se vea grabado en situaciones donde se produce el fallo. Por experiencia con algunos deportistas con los que he trabajado en consulta, muchas veces fallan, porque no son conscientes de lo que hacen diferente en los partidos por culpa de la presión.

Si este fuera el caso, lo primero de todo, como casi para cualquier cosa en la vida, sería tomar conciencia (un análisis exhaustivo del gesto técnico), de tal forma que el jugador sea capaz de reproducirla mentalmente con total exactitud, es decir, visualizar para reforzar automatismos. Segundo, se trabaja para que el jugador sea consciente de los niveles de activación con los que él funciona (no todos tenemos el mismo umbral de activación óptimo), y se le proporcionan herramientas de control de la activación.

No sé si recuerdan a Davor Suker (delantero croata que jugó en el Real Madrid), en un partido de un mundial o una Eurocopa (no lo recuerdo) ante un penalti decisivo: realiza una técnica de respiración que consiste en expulsar el doble de tiempo (contado por el número de pulsaciones)  el aire que has inspirado; una vez alcanza su nivel de activación óptimo, decide disparar y mete gol; el árbitro anula la acción, lo cual provoca un aumento de la ansiedad y la presión; pero Suker repite la rutina al pie de la letra, con lo cual el jugador se “chequea”, y cuando llega a un estado de plena confianza vuelve a lanzar y vuelve a acertar.

  • Sin embargo, no vale trabajar exclusivamente las claves psicológicas del deporte concreto (foco de atención, visualización, automatismos, control de la activación etc.). En el caso de estos jugadores que se quedan anclados en el fallo de la forma descrita, no hablamos de fallos ante la presión de un momento caliente de una competición, sino de pérdida rápida de su autoconfianza y gestión de la frustración ante cualquier error, y es necesario hacer un trabajo más profundo sobre la psicología del propio jugador, es decir, sobre los condicionamientos psicológicos que influyen en su rendimiento.
Una captura de pantalla de un celular

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Ilustración de Álvaro Merino (@alvaromerino)

Hay que hacer un recorrido exhaustivo por la PIRÁMIDE DEL ALTO RENDIMIENTO DEPORTIVO. Explorar las características de personalidad de ese jugador, su entorno, sus valores y su capacidad de aprendizaje; trabajar para lograr un estado de ánimo estable, características de personalidad que favorezcan su rendimiento (por ejemplo, la humildad), definir un entorno del jugador/a que si no suma, al menos no reste, igualar su nivel compromiso (sacrificios y renuncias) respecto de la exigencia de sus objetivos, su autoconfianza, su motivación y su capacidad para tolerar la presión.

Dada mi experiencia con jóvenes promesas en edades junior o senior que empiezan a hacer presencia en los equipos profesionales de sus clubes o con sus selecciones absolutas, puedo decir que muchos de ellos se caracterizan por algo muy común en estas edades y categorías con proyección, que es por una deficiencia en cuanto a fortalezas mentales. No lo digo como algo negativo, sino todo lo contrario, tienen un súper mérito, porque la mayoría han sido capaces de llegar hasta aquí solos, gracias a su talento y esfuerzo.  Y no voy a repetir la importancia de los primeros aprendizajes y la necesidad del trabajo mental y valores desde la base, de lo que ya he hablado en anteriores artículos del blog.

¿Qué es lo primero que trabajamos en estos casos? La psicología SIN APELLIDOS, el equilibrio emocional personal y escala de valores. Son jugadores jóvenes, con talento, con proyección, que muchas veces se alejan de sus familias, amigos, en ocasiones con otro idioma u otra cultura, que se pueden sentir solos, que viven los problemas familiares o de pérdidas desde la distancia, etc. Se menosprecia sin darse cuenta de que, sí, son afortunados de estar intentando vivir de lo que les gusta y estar tan cerca, pero son personas, y tienen los mismos sentimientos y necesidades que el resto de las personas. A todo ello le suman la autoexigencia de saber que están ante una oportunidad de vivir de lo que le gusta y dar el salto definitivo, algo que solo 1 de cada 16 mil deportistas logran, y a todo eso sumarle la exigencia y necesidades sin medida que les suele crear su entorno.

Psicología Deportiva es Psicología para las personas.